jueves, 13 de noviembre de 2014

¿Qué?

¿Qué? Señores, ¿qué? ¿A caso se encuentran ustedes en la aparentemente necesaria apariencia de la y en la que viven? ¿Se encuentran en ese producto del rezumo de cada magnífico excremento de esta magnífica sociedad? Cuan fácilmente entendibles son ustedes. No se inmutarán, pero quizá se sientan perturbados. Saben que ese hedor está fuera de, ¿de qué? Mentes incapaces de alcanzar un conocimiento magnificamente natural. Hay que abrir la mente, algunas gentes dicen, bien pues, den un golpe de cabeza a un afilado trozo de metal el cual se halla unido a un bello bastón. Ahora tendrán dos maravillosas mitades de cada una de esas absurdas pero sórdidas cabezas, rellénenla con algo mágico, como un tornillo y algo de caballo. Cierren, agiten. La diversión está asegurada.
Algunos pensarán que sin rumbo me hallo, pero no saben ni qué cosa es tal cosa. Quizá la pregunta que ronde a gran cantidad de esos recudidos números de neuronas mediocremente unidas es
¿Qué?

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