miércoles, 18 de noviembre de 2015

Hallar la palabra. Vacia solución

Sin destinos se halla la palabra. Buscar debes buscar, encontrar, hallar, la diferencia entre el haya y el halla. Fácil repuesta es. ¿Así no es? Lo es. Vaya, me hallo en un círculo de certera y cierta incertidumbre. Ah, la incertidumbre mental, haces de pensamientos en infinitas direcciones. Oye, tú, sí, ¿por qué no escribes mediante saltos de línea?



Bien, pues complacidos estáis. A parte, los pensamientos se hallan salteados. Cierto tiempo atrás comentaba yo por ahí las podredumbes de la inconscientemente ignorante sociedad, oh, cómo se compromete a un obligado y constante flujo de heces, excrementos societarios, que no sociales. De la sociedad pues. ¿Problema? ¡¿Cuál es el problema?! Espere, ¿cómo hemos llegado aquí?
Y esa frase entre bellos, abiertos y cerrados, exuberantes interrogantes, es la puerta que les abrirá el camino. ¿De la palabra? Quién dijo tal cosa. Las palabras son meros e inútiles objetos de inmensa utilidad. Bien, pero en la guía de las guías de la principal línea de ¡sandeces! Vuelva usted. Quizá tal problemático poema, espere, problema poético, se encontrará siempre en una imposibilidad de solución, ¡por pura estadística, chisporrotee usted! Pero, jamás hartos estamos de intenarlo, ah, noble propósito. Mientras unos, muchos, mayoría dicen algunos, permenecen en la persecución constante de sus cadenas, y bailan al contorneante y onírico feliz sonido de sus grilletes, otros se devanan los sesos entre terribles y agresivos vocablos provenientes de esa bella masa, del bello sumo conjunto. Quizá la llama gire en torno a qué objetivo lograrán tales pre·vilegiadas quijoteras. Pero, ¿a caso no está en el simple e inútil ejercicio el magnífico propósito y destino final de este, el total objetivo solucionador? Debemos correr el telón ya. ¿? Retóricas palabras. Díficil supongo se hallará tal entendimiento. Las bellas cosas que tienen la oxidación de la práctica.
A la espera estén ustedes de más neutrales conjuntos de palabras cargados de superíndices subjetivos sublimes.

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