sábado, 7 de noviembre de 2015

Vento; Humano

Hoy quiero hablar de una persona muy especial en mi vida. Así, sin más, bueno, porque lo merece, y lo merecerá eternamente.
Hoy quiero hablar de, posiblemente, la persona que más marcado me ha dejado el corazón. Sí, no sé realmente porqué, porque hay otras personas candidatas a este ... ¿gran triunfo?
Mi abuelo, Pepe. José Vento González.
Quizá sea una insensatez -como él diría- poner esto en mi blog personal, donde publico mis desvaríos varios.

No puedo dejar de decir que él era formidable, ¡más que eso! 'Un ser humano formidable' "Un tío formidable" -como él diría-.

Artista, Vento. Que mirada, que voz, como resuena en tus sentidos. En mis sentidos. En todos.
La inabarcabilidad de una mente, de un corazón, de infinitos conceptos. De una esencia, de su esencia. Del todo. En mi mente todo eran bellas palabras concatenadas sublimemente, pero ahora siento que no puedo articular ni una sola.

Solo tu recuerdo, ¡y qué recuerdo! No sé como puede llevar consigo tantas sensaciones y emociones, pensamientos e ideas. Ah, si aquí estuvieras.

Mediopoético texto este es.
Aquellos artilugios -¡oh, otra palabra eternizada en ti!-, tanto los abstractos como los que con cariño me dedicabas y otorgabas. Sí, un niño era yo. Y como disfrutaba con tales historias, y aquellos artesanales juguetes traídos desde tu infancia.
Como admiraba tu obra, sí. Sí, al ir formándome como adulto, como realmente la disfrutaba y me gustaba bajar al estudio y ver tu nueva creación o como avanzaba esta. Aquellos consejos, aquella, no sé, sincera, sencilla y perfecta sabiduría. O esos helados ante una "buena película".
Lecciones de vida. Vida bella.
Oh, la música... el Blues, el Jazz... El odio hacia el "chumba chumba". Jajaja. Los trayectos escuchando a Eugenio con ese cassette que aún conservo.

La piscina, la depuradora. Sí, estas tonterías que tanto recuerdo, pequeños grandes detalles. Los jardines, el riego, la tierra, sus frutos, los pinos, el aroma, la naturaleza, los perros, los pájaros, el canto, las paellas, tu precioso orgullo, los caprichos, ¡no los tuyos, los nuestros!
E incluso, aquellos "Non-non xixet, ha caigut un baquet, s'ha trencat la cameta i s'ha quedat coixet." ... cuatro -¡4!- años tendría yo, aún no habíamos cambiado de siglo, y aún lo recuerdo hasta quedarme dormido.

Las riñas, aquellas riñas, que tan mal me hicieron sentir, pero que recuerdo con una formidable dulzura. Creo que nadie te lo dijo, pero tu presencia estaba llena de dulzura. Embriagabas el ambiente con vitalidad, y a cualquier persona que se hallara en las cercanías.

¡Que genio! ¡Claro, Vento tenía que ser!

Los ojos se me cargan de lágrimas, listos para otra descarga.

Creo que daría mi vida por la tuya, y la única razón que tendría para no hacerlo sería que al darla no podría vivirla contigo. Egoísmo el mío, ojalá pudieras escuchar mis desvaríos filosóficos, creo que incluso de gustarían.
Echarme una mano con mi vena artística cada vez más floreciente.

Asombrarte y asombrarme, asombrarlos, asombrar, vislumbrar -como tú dirías-, disfrutar, vivir, con todos los elementos de la vida.

Aquí, ahora, allí, antes, después. En este instante. Siempre.
"El 100%, casi, de una obra, está en iniciarla." Y yo añado, ¿Y por qué finalizarla?

Un abrazo de esos para darme -te- energía.

En fin, tu dintorno, contorno y silueta. Arrojados, esparcidos por todo el espacio y la existencia, siempre eterna esencia.

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